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DESAFÍO DEL AMOR DÍA 40: EL AMOR ES UN PACTO

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 40: EL AMOR ES UN PACTO
Adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. (Rut 1:16)

Felicitaciones. Has llegado al final del desafío de este libro. Sin embargo, la experiencia y el reto de amar a tu cónyuge nunca terminan. Siguen durante el resto de tu vida. Este libro podrá terminar en el día 40. ¿Pero quién dice que tu desafío tiene que terminar? Y a partir de este momento, te desafiamos a que consideres tu relación matrimonial como un pacto en lugar de un contrato. Estas dos palabras parecen tener significado y propósito similares, pero en realidad, son sumamente diferentes. Ver al matrimonio como un contrato es como decirle a tu cónyuge: "Te tomo para mí y veremos si funciona". Sin embargo, verlo como un pacto hace que digas: "Me entrego a ti y me comprometo a este matrimonio para toda la vida". Hay varias diferencias entre los pactos y los contratos. En general, un contrato es un acuerdo escrito con un fundamento de desconfianza, que enumera las condiciones y las consecuencias que habrá si se rompe. Un pacto es un compromiso verbal que tiene su fundamento en la confianza, y le asegura a otra persona que tu promesa es incondicional y para toda la vida. Se realiza ante Dios por amor a otro. Un contrato es interesado y tiene una responsabilidad limitada. Establece un marco de tiempo para que se cumplan y se logren ciertas prestaciones. Un pacto es para beneficio de los demás y tiene una responsabilidad ilimitada. No tiene fecha de vencimiento. Es "hasta que la muerte nos separe". Un contrato puede romperse de común acuerdo. Un pacto está hecho para que sea inquebrantable. La Biblia contiene varios grandes pactos que forman parte del desarrollo de la historia del pueblo de Dios. Este hizo un pacto con Noé y le prometió que nunca destruiría a toda carne con un diluvio (Génesis 9:12-17). Hizo un pacto con Abraham y le prometió que toda una nación de descendientes surgiría de su familia (Génesis 17:1-8). Hizo un pacto con Moisés y declaró que el pueblo de Israel sería la posesión de Dios para siempre (Éxodo 19:3-6). Hizo un pacto con David y le prometió que siempre habría un soberano en su trono (2 Samuel 77-16). Finalmente, hizo un "nuevo pacto" por medio de la sangre de Cristo, y estableció un legado eterno e inalterable de perdón de pecados y vida eterna para los que crean en Él (Hebreos 9:15). Dios nunca ha roto ninguno de estos pactos. Además, está el matrimonio: el pacto más fuerte sobre la tierra entre dos personas; la promesa de un hombre y una mujer de establecer un amor incondicional y que dura toda la vida.
En el matrimonio, tu anillo de bodas representa los votos de tu pacto: no solo compromisos que esperabas poder cumplir sino promesas premeditadas, dichas en público con otras personas como testigos. Como has leído muchas veces en estas páginas, no puedes cumplir este pacto con tus propias fuerzas. Hay una buena razón por la cual Dios fue el que inició los pactos con su pueblo. Es el único que puede cumplir las exigencias de sus propias promesas. Es el único que puede perdonar a los que reciben su pacto cuando no cumplen con su parte del acuerdo; pero el Espíritu de Dios está dentro de ti por medio de tu fe en su Hijo y de la gracia que recibiste con la salvación. Esto significa que ahora sí puedes ejercer tu función de cumplir el pacto, sin importar lo que pueda surgir que desafíe tu fidelidad a él.

En especial, si tu cónyuge no quiere recibir tu amor en este momento, cumplir el pacto puede ser más desalentador cada día. Sin embargo, el matrimonio no es un contrato con cláusulas de  escape y términos de excepción. El matrimonio es un pacto hecho para quitar todas las vías de retirada o abandono. No hay nada en el mundo que pueda separar lo que Dios unió. Tu amor está fundamentado en un pacto. Cientos de años después de que el profeta Malaquías registró estas palabras, la gente aún se pregunta por qué a veces Dios retiene su bendición de los hogares y los matrimonios. "Y vosotros decís: "¿Por qué?" Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto [...] Porque yo detesto el divorcio -dice el Señor, Dios de Israel- y al que cubre de iniquidad su vestidura -dice el Señor de los ejércitos-. Prestad atención, pues, a vuestro espíritu y no seáis desleales" (Malaquías 2:14,16). Todo matrimonio es llamado a ser una imagen terrenal del pacto celestial de Dios con la iglesia. Debe revelarle al mundo la gloria y la belleza del amor incondicional de Dios por nosotros. Jesús dijo: "Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor" (Juan 15:9 NVI). Deja que sus palabras te inspiren a ser un canal del amor de Dios para tu cónyuge. Ahora es el momento, para renovar tu pacto de amor con toda sinceridad y entrega. El amor es un tesoro demasiado santo como para intercambiarlo por otro, y un vínculo demasiado poderoso como para romper sin que haya consecuencias nefastas. Vuelve a concentrar tu amor en esta persona que el Señor te ha dado para apreciar, valorar y honrar. Tienen por delante una vida juntos. Atrévete a tomarla y no soltarla jamás. Acepta el desafío del amor.

El desafío de hoy

Escribe una renovación de tus votos y colócala en tu hogar. Quizá, si corresponde, podrías planear una renovación formal de tus votos matrimoniales ante un pastor, con la familia presente. Que sea una afirmación viva del valor del matrimonio a los ojos de Dios y del alto honor de ser uno con tu cónyuge. __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy. ¿Qué te ha revelado Dios durante estos 40 días? ¿Cómo ha cambiado tu visión del matrimonio? ¿Cuán comprometido estás con Dios y con tu cónyuge? ¿A quiénes puedes contarles de este compromiso como testimonio? Para siempre se ha acordado de su pacto. (Salmo 105:8)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 39: EL AMOR PERDURA

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 39: EL AMOR PERDURA

Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros. (2 Corintios 9:8)

De todas las cosas que el amor se atreve a hacer, esta es la mayor de todas. Aunque se ve amenazado, sigue adelante. Aunque se ve desafiado, sigue avanzando. Aunque lo maltratan y lo rechazan, se niega a darse por vencido. El amor nunca deja de ser. Muchas veces, cuando un matrimonio está en crisis, el cónyuge que intenta lograr que las cosas funcionen le dice al otro con toda claridad que sin importar lo que haya sucedido en el pasado, está comprometido con su matrimonio. Puedes estar seguro de que su amor perdurará. Lo promete. No obstante, como el otro cónyuge todavía no quiere escucharlo, mantiene su postura distante. Aun quiere separarse. No cree que este matrimonio dure mucho tiempo. Ya ni siquiera quiere que dure. El cónyuge que acaba de jugarse el corazón, tendiendo la mano en son de paz, no puede manejar el rechazo. Así que retira lo dicho. "Bueno. Si así lo quieres, así será". Sin embargo, si el amor es en verdad amor, no cambia de opinión cuando no lo reciben como quiere. Si al amor se le puede decir que deje de amar, en realidad no es amor. El amor que viene de Dios es interminable, imparable. Si el objeto de su afecto elije no recibirlo, no deja de dar. El amor nunca deja de ser. Nunca.

Así es el amor de Jesús. Sus discípulos eran verdaderamente impredecibles. Luego de su última comida de Pascuas juntos, cuando Jesús les dijo que todos lo abandonarían antes de que terminara la noche, Pedro declaró: "Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré [...] Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré" (Mateo 26:33,35). Los demás discípulos se hicieron eco de la misma promesa. Sin embargo, más tarde esa noche, el círculo íntimo de seguidores de Jesús (Pedro, Santiago y Juan) dormiría mientras Jesús agonizaba en el huerto. Camino a la crucifixión de Cristo, Pedro lo negaría tres veces en el patio; pero en ese preciso momento, la Biblia dice que Jesús "se volvió y miró a Pedro" (Lucas 22:61). Sus hombres le habían fallado (otra vez) horas después de sus promesas. Aun así, nunca dejó de amarlos, porque Él es "el mismo ayer y hoy y por los siglos" (Hebreos 13:8), y su amor también. Cuando hayas hecho todo lo que puedes para obedecer a Dios, tu cónyuge quizá te abandone y se vaya... así como los discípulos de Jesús hicieron con Él; pero si tu matrimonio fracasa, si tu cónyuge se va, que no sea porque te diste por vencido o dejaste de amarlo. El amor nunca deja de ser. De las nueve características del "fruto del Espíritu" que se enumeran en Gálatas 5, la primera de todas es el amor. Y como el inalterable Espíritu Santo es la fuente (el mismo Espíritu Santo que habita en el corazón de todos los creyentes), entonces el amor que Él crea en ti también es inalterable. Tiene su fundamento en la voluntad de Dios, en el llamado de Dios y en la Palabra de Dios: todas cosas inalterables. La Biblia las declara "irrevocables" (Romanos 11:29). "El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán" (Lucas 21:33). Hace tan solo unos días, recibiste el desafío de construir tu matrimonio sobre la Palabra de Dios; porque cuando todo lo demás fracasa, la verdad de Dios seguirá en pie. A lo largo del camino, también te atreviste a ser paciente, a ser generoso, a sacrificarte por las necesidades de tu cónyuge.
No se trata solo de ideas lindas, que existen en forma aislada. Cada característica del amor que se esboza en este libro está basada en el amor de Dios, el cual vemos contenido y expresado en la Palabra de Dios-, en la Palabra inalterable de Dios. Ningún desafío ni circunstancia pueden colocarle una fecha de vencimiento a Él ni a su amor. Por lo tanto, tu amor (hecho de la misma sustancia) tiene las mismas características inalterables. El amor nunca deja de ser. Así que el desafío de hoy es expresar tu amor inquebrantable con las palabras más poderosas y personales que puedas. Es tu oportunidad de declarar que sin importar las imperfecciones que existan (tanto en ti como en tu cónyuge) tu amor es aun más grande. Sin importar lo que tu cónyuge haya hecho o cuan a menudo lo haya hecho, decides amarlo de todas maneras. Aunque con el correr de los años no has sido para nada constante en tu manera de tratarlo, tus días de inconstancia en el amor han terminado. Acepta a esta persona como el regalo especial de Dios para ti y promete amarla hasta la muerte. Lo que le comunicas a tu cónyuge es: "Aun si no te gusta lo que ves, aun si no te gusto yo, elijo amarte de todas maneras. Para siempre". Porque el amor nunca deja de ser.

El desafío de hoy
Pasa tiempo orando solo. Luego, escríbele una carta de compromiso y decisión a tu cónyuge. Incluye la razón por la cual te comprometes con este matrimonio hasta la muerte, y exprésale que te has propuesto amarlo sin importar lo que suceda. Deja la carta en un lugar donde tu pareja la pueda encontrar. __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy.

¿Qué dudas tenías al escribir esta carta? ¿Cómo esperas que tu cónyuge responda? ¿Cómo te ayudó Dios a escribirla y qué te enseñó sobre ti mismo este proceso? 

Él] se complace en la misericordia. (Miqueas 7:18)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 36: EL AMOR ES LA PALABRA DE DIOS

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 36: EL AMOR ES LA PALABRA DE DIOS 

Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino. (Salmo 119:105)

Para algunas personas, la Biblia es demasiado voluminosa y prominente como para comprenderla. La consideran un desafío imposible. No saben por dónde ni cómo comenzar. No obstante, como cristiano, no estás solo para intentar entender los temas principales y los significados profundos de la Biblia. El Espíritu Santo, quien vive ahora en tu corazón por medio de la salvación, es el que ilumina la verdad. "Porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios" (1 Corintios 2:10). Y gracias a esta lámpara interior, ahora puedes leer, absorber, comprender y vivir las Escrituras; pero en primer lugar, debes comprometerte a hacerlo. Crea el hábito. Si todavía no estás acostumbrado, es hora de comenzar a leer una porción de la Biblia todos los días. Lo ideal sería que la leyeran juntos como esposos... quizá por la mañana o antes de irse a dormir. Sé como el autor del Salmo 119 quien podía decir: "Con todo mi corazón te he buscado [...] En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti" (Salmo 119:10-11). Los que tienen un patrón constante de lectura de la Biblia pronto descubren que sus páginas son "deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal" (Salmo 19:10).
Busca la ayuda de otros. Tienes razón, la Biblia puede ser profunda y puede significar un verdadero desafío. Por eso es tan importante formar parte de una iglesia en donde la Palabra se enseñe y se predique con fidelidad. Al escuchar cómo se la explica en los sermones y las clases de estudio bíblico, obtendrás una visión más amplia y equilibrada de lo que Dios dice a través de su Palabra. Además, podrás unirte a otros que están en el mismo recorrido que tú, con el deseo de alimentarse con las verdades de las Escrituras. "Persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido" (2 Timoteo 3:14) Vívela. A diferencia de la mayoría de los demás libros, que están diseñados solo para ser leídos y digeridos, la Biblia es un libro vivo. Vive porque el Espíritu Santo todavía resuena entre sus palabras. Vive porque, a diferencia de los escritos antiguos de otras religiones, su autor sigue vivo. Y vive porque se transforma en parte de ti, de tu manera de pensar y de lo que haces. "Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores" (Santiago 1:22). Jesús habló sobre las personas que construyen su vida en la arena (en función de su propia lógica, de sus conjeturas más acertadas o del último razonamiento). Cuando las tormentas de la vida comienzan a venir (y siempre lo harán), el cimiento de arena ocasiona un completo desastre. Quizá estas casas se iluminen y luzcan bien durante un tiempo, pero son tragedias en potencia. Al final, se derrumbarán. Sin embargo, Jesús dijo: "Cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca" (Mateo 7:24-25). Cuando tu casa está fundada sobre la roca de la Palabra inalterable de Dios, está asegurada contra la destrucción. Esto se debe a que Dios tiene el plan perfecto para todo y ha revelado estos planes en su Palabra. Están allí mismo para cualquiera que los lea y los ponga en práctica.
Dios tiene un plan para tu manera de administrar el dinero; un plan para la manera de criar a tus hijos; un plan para tu manera de tratar el cuerpo; un plan para tu manera de pasar el tiempo; un plan para tu manera de manejar los conflictos. ¿Acaso tu Hacedor no sabrá exactamente lo que necesitas? Si esto de leer la Biblia en forma regular te resulta nuevo, te sorprenderá la rapidez con la cual comenzarás a pensar de otra manera y con la mirada puesta en la eternidad. Y si de verdad quieres establecer estrategias de vida basadas en la manera que tiene Dios de hacer las cosas, Él te guiará a conectar lo que lees con la manera de aplicarlo. Es un viaje esclarecedor con descubrimientos constantes. Cada aspecto de tu vida que sometas a los principios de Dios se fortalecerá y será más duradero con el tiempo; pero cualquier parte que no le entregues, al intentar hacerlo por tu cuenta, se debilitará y con el tiempo fracasará cuando te golpeen las tormentas de la vida. A decir verdad, quizá sea el área que acelere el desmoronamiento de tu hogar y tu matrimonio. Las parejas sabias construyen sus casas sobre la roca de la Palabra de Dios. Han visto lo que puede suceder con la arena. Saben qué significa no tener una base sólida y que los cimientos se venzan. Por eso debes decidir construir tu vida y tu matrimonio sobre la roca sólida de la Biblia. Luego, puedes planear un futuro más sólido, sin importar cuán recia sea la tormenta.

El desafío de hoy
Toma el compromiso de leer la biblia todos los días. Consigue un libro de meditaciones o algún otro recurso que te sirva como orientación. Si tu cónyuge está dispuesto, pregúntale si quiere comprometerse a leer la Biblia contigo a diario. Comienza a rendir cada área de tu vida a la guía de la palabra de Dios y a construir sobre la roca. __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy. ¿Qué partes de tu vida tienen más necesidad del consejo de Dios? ¿En dónde crees que hay una mayor susceptibilidad al fracaso? ¿Qué le estás pidiendo a Dios que te muestre a través de su Palabra? Para familiarizarte con la Biblia, ver el Apéndice de la página 205

Todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió. (Romanos 15:4)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 35: EL AMOR RINDE CUENTAS

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 35: EL AMOR RINDE CUENTAS
Cuando falta el consejo fracasan los planes; cuando abunda el consejo prosperan. (Proverbios 15:22 NVI)
Los árboles gigantescos de secoya se elevan cientos de metros en el aire y resisten presiones ambientales intensas. Los rayos pueden golpearlos, pueden soplar vientos intensos y los incendios forestales pueden arder a su alrededor. Sin embargo la secoya resiste firme, y se fortalece durante las pruebas. Uno de los secretos de la fuerza de este árbol gigante es lo que sucede bajo la superficie. A diferencia de muchos árboles, se extiende hacia afuera y entrelaza sus raíces con las secoyas que lo rodean. Cada uno recibe poder y refuerzos con la fortaleza de los demás. El secreto de la secoya también es una clave para mantener un matrimonio fuerte y saludable. La pareja que enfrenta problemas sola tiene más probabilidades de derrumbarse en los momentos difíciles. Sin embargo, las que entrelazan sus vidas en una red de otros matrimonios fuertes, aumentan en forma radical sus posibilidades de sobrevivir a la tormenta más intensa. Es fundamental que los esposos busquen consejos piadosos, amistades saludables y mentores experimentados. Todos necesitamos el consejo sabio a lo largo de la vida. Las personas sabias lo buscan constantemente y lo reciben con alegría. Los necios nunca lo buscan y lo ignoran cuando se lo dan. Como explica claramente la Biblia: "Al necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio atiende al consejo" (Proverbios 12:15).
Obtener el consejo sabio es como tener un mapa de carretera detallado y una guía personal mientras se realiza un viaje largo y desafiante. Puede significar la diferencia entre el éxito continuo o la destrucción de otro matrimonio. Es vital que invites a parejas fuertes a que te comuniquen la sabiduría que han obtenido a través de sus propios logros y fracasos. ¿Para qué gastar años de tu vida aprendiendo lecciones dolorosas cuando puedes descubrir esas mismas verdades en unas horas de consejo sabio? ¿Por qué no cruzar los puentes que otros han construido? La sabiduría es más valiosa que el oro. No recibirla es como dejar caer monedas invalorables de entre los dedos. Los buenos mentores del matrimonio te advienen antes de tomar una mala decisión. Te alientan cuando estás listo para darte por vencido. Y te animan cuando alcanzas nuevos niveles de intimidad en tu matrimonio. ¿Hay alguna pareja mayor o algún amigo del mismo sexo a quien puedas acudir para pedir buenos consejos, apoyo en oración y rendir cuentas en forma regular? ¿Hay alguien en tu vida que te trate con imparcialidad y franqueza? Tú y tu cónyuge necesitan contar con esta clase de amigos y mentores en forma constante. La Biblia dice: "Exhortaos los unos a los otros cada día [...] no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado" (Hebreos 3:13). Muchas veces, podemos aislarnos de los demás. Si no tenemos cuidado, podríamos alejar de nosotros a las personas que más nos aman. Debes protegerte contra los que te influencian para mal. Todos tienen una opinión y algunas personas te alentarán a actuar en forma egoísta, te alentarán a dejar a tu pareja para buscar tu propia felicidad. Ten cuidado y no escuches el consejo de aquellos que no tienen un buen matrimonio.
Si tu matrimonio pende de un hilo o ya se dirige hacia el divorcio debes detener todo y buscar el consejo sólido lo más rápido posible. Llama a un pastor, a un terapeuta que crea en la Biblia o a un consejero matrimonial hoy mismo. Por más que al principio sea incómodo abrirte con un extraño con respecto a tu vida, cada segundo que pase y cada sacrificio que hagas por tu matrimonio valdrán la pena. Aún si tienes una relación bastante estable, tienes la misma necesidad de mentores sinceros y francos: personas que renueven tus fuerzas para seguir adelante y te ayuden a mejorar aun más tu matrimonio. ¿Cómo eliges un buen mentor? Debes buscar una persona que tenga la clase de matrimonio que tú quieres; una persona que ponga a Cristo antes que a todas las demás cosas. Debes buscar alguien que no viva según sus propias opiniones sino según la Palabra inmutable de Dios. Y en la mayoría de los casos, se alegrará de que hayas pedido ayuda. Comienza a orar para que Dios envíe esta persona a tu vida. Luego, escoge un momento para encontrarte con ella y hablar. Si no te parece demasiado importante, sería una buena idea que te preguntaras por qué. ¿Tienes algo que esconder? ¿Tienes miedo de sentirte avergonzado? ¿Crees que tu matrimonio está exento de la necesidad de ayuda de afuera? ¿No te resulta atractivo zambullirte en un río de influencias positivas? No seas el capitán de otro divorcio titánico al ignorar las señales de advertencia que te rodean, cuando podrías haber recibido ayuda. Aquí tienes un recordatorio importante de las Escrituras: "Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo" (Romanos 14:12). Es un compromiso que no podemos romper. Y aunque al final, todos somos responsables de la manera en que lo abordamos, podemos recibir toda la ayuda que los demás puedan dar. Quizá sea la influencia relacional que lleve a tu matrimonio a pasar de mediocre a maravilloso.

El desafío de hoy
Busca un mentor para tu matrimonio: un buen cristiano que sea sincero y amoroso contigo. Si te parece que es necesaria la terapia, da el primer paso y concierta una cita. Durante este proceso, pídele a Dios que dirija tus decisiones y te dé discernimiento. __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy. ¿A quién elegiste? ¿Por qué escogiste esa persona? ¿Qué esperas aprender de ella?

En la abundancia de consejeros está la victoria. (Proverbios 11:14)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 33: EL AMOR COMPLETA AL OTRO

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 33: EL AMOR COMPLETA AL OTRO
 Si dos se acuestan juntos se mantienen calientes; pero uno solo ¿cómo se calentará? (Eclesiastés 4:11)

 Dios crea el matrimonio al tomar a un hombre y una mujer y unirlos como una sola cosa. Y aunque, si es necesario, el amor debe estar dispuesto a actuar en forma independiente, siempre es mejor cuando no se interpreta como solista. El amor puede funcionar por su cuenta cuando no hay otra manera, pero hay "un camino más excelente" (1 Corintios 12:31). Además, el amor no se atreve a dejar de amar antes de llegar a ese punto. Esta cualidad del amor que completa al otro se le reveló a la humanidad desde el principio. Dios creó la raza humana con un hombre y una mujer: dos diseños similares pero complementarios, hechos para funcionar en armonía. Nuestros cuerpos están hechos el uno para el otro. Nuestros caracteres y temperamentos proporcionan equilibrio, y nos permiten completar las tareas con más eficacia. Nuestra unidad puede producir hijos, y nuestro trabajo en equipo es la mejor manera de criarlos para que tengan salud y madurez. En donde uno es débil, el otro es fuerte. Cuando uno necesita que lo edifiquen, el otro está preparado para realzar y animar. Multiplicamos las alegrías mutuas y dividimos las penas mutuas. Las Escrituras dicen: "Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!" (Eclesiastés 4:9,10). Lo mismo sucede con tus dos manos, las cuales no solo coexisten juntas, sino que multiplican la efectividad de la otra. Para hacer lo que hacen, ninguna está completa sin la otra. Aunque nuestras diferencias pueden a menudo ser la fuente de malentendidos y conflictos, han sido creadas por Dios y pueden ser bendiciones constantes si las respetamos. Por ejemplo, quizá uno de ustedes cocine mejor, mientras que el otro sea más meticuloso para lavar los platos. Uno quizá sea más dulce y pueda mantener la paz entre los miembros de la familia, mientras que el otro maneja la disciplina en forma más directa y eficaz. Uno quizá tenga una buena mentalidad de negocios pero necesita que el otro le recuerde que debe ser generoso. Cuando aprendemos a aceptar estas distinciones en nuestra pareja, podemos evitar la crítica y pasar directamente a ayudar y apreciar al otro. Sin embargo, algunos parecen no poder superar las diferencias de su pareja. Y como resultado, pierden muchas oportunidades. No aprovechan la singularidad que hace que cada uno sea más eficaz cuando incluye a su cónyuge. Un ejemplo de la Biblia es Poncio Pilatos, el gobernador romano que presidió el juicio de Jesús. Ignoraba quién era Cristo y a pesar de que sabía que era un error, permitió que la multitud lo influenciara para crucificar a Jesús. Sin embargo, la esposa de Pilatos era más sensible a lo que en realidad estaba sucediendo y se le acercó en pleno tumulto para advertirle que estaba cometiendo un error. "Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó aviso, diciendo: No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de Él" (Mateo 27:19).

Aparentemente, era una mujer de gran discernimiento, quien comprendió la magnitud de estos acontecimientos antes que su esposo. Sin duda, la soberanía de Dios estaba allí y nada podría haber impedido que su Hijo marchara en obediencia a la cruz por nosotros. Sin embargo, el rechazo de Pilatos a la intuición de su esposa revela un lado lamentable de la naturaleza del hombre que a menudo se minimiza. Dios hizo a las esposas para que completen a sus esposos, y les da un discernimiento que muchas veces los hombres no tienen. Si se ignora, a menudo es en perjuicio del hombre que toma la decisión. La efectividad de tu matrimonio depende de que los dos trabajen juntos. ¿Debes tomar decisiones importantes con respecto a las finanzas o a tus planes de jubilación? ¿Tienes un verdadero problema con un compañero de trabajo a quien cada vez te cuesta más tratar, y no sabes cómo actuar correctamente? ¿Estás totalmente convencido de que las decisiones educativas para tus hijos están bien, sin importar lo que piense tu cónyuge? 
No intentes analizar las cosas solo. No le quites a tu pareja el derecho de expresar su opinión en cuestiones que afectan a ambos. El amor comprende que Dios los ha juntado a propósito. Y aunque quizá al final no estés de acuerdo con las opiniones de tu cónyuge, de todas formas deberías respetar su visión y considerarla con detenimiento. Esto honra el diseño de Dios para tu relación y protege la unidad que Él quiso que hubiera. Juntos, son mejores que sus partes independientes. Se necesitan. Se completan.

El desafío de hoy
Reconoce que tu cónyuge es esencial para tu éxito en el futuro. Hoy mismo, déjale saber que deseas incluirlo en tus próximas decisiones, y que necesitas su opinión y su consejo. Si en el pasado has ignorado sus aportes, admite tu descuido y pídele que te perdone.

 __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy.
¿Qué decisiones próximas pueden tomar juntos? ¿Qué aprendiste hoy sobre el papel de tu cónyuge? Vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad. (Colosenses 3:14)


Tomado de libro Desafío del Amor

EL MATRIMONIO NO ES PARA MI

EL MATRIMONIO NO ES PARA MI


Después de haber estado casado solamente por un año y medio, he llegado a la conclusión de que el matrimonio no es para mí. <Por favor, antes de empezar a hacer suposiciones o pasar juicio a este artículo, sigue leyendo.>
Conocí a mi esposa en la escuela secundaria cuando teníamos 15 años. Fuimos amigos durante diez años, hasta que decidimos que ya no queríamos ser sólo amigos. Recomiendo ampliamente que los mejores amigos se enamoren. Vendrán muchos buenos ratos de una relación así.
Sin embargo, enamorarme de mi mejor amiga no impidió que tuviera ciertos temores y ansiedades sobre el matrimonio. Entre más se acercaba el momento de decidir si nos deberíamos casar, más me llenaba de un miedo paralizante. ¿Estaba preparado? ¿Estaba tomando la decisión correcta? ¿Era Kim la persona más adecuada para tomar como esposa? ¿Podría ella hacerme feliz?

Entonces, en una noche que cambió mi destino, le conté estos pensamientos y preocupaciones a mi papá. Cada uno de nosotros tenemos momentos en nuestras vidas en que sentimos como si el tiempo se detuviera y todo a nuestro alrededor se acomodara perfectamente para marcar ese suceso especial que nunca olvidaremos.

Cuando mi padre respondió a mis inquietudes, fue uno de esos momentos para mí. Con una sonrisa en su rostro, dijo: "Seth, estás siendo totalmente egoísta. Así que voy a hacer esto realmente simple: el matrimonio no es para ti. No te casas para que te hagan feliz, te casas para hacer feliz a alguien más. Más que eso, tu matrimonio no es para ti, te casas para beneficiar a tu familia. No hablo de los suegros y familiares, sino de tus futuros hijos. ¿A quién quieres a tu lado para que te ayude a criarlos? ¿Quién quieres que sea una influencia diaria en ellos? El matrimonio no es para ti. No se trata de ti. Se trata de la persona con quien te casas.”

Fue en ese momento en el que supe que Kim era la persona con quien quería casarme. Me di cuenta de que quería hacerla feliz a ella, ver su sonrisa cada día, y hacerla reír todos los días. Yo quería ser parte de su familia, y mi familia quería que ella fuera parte de la nuestra. Y al recordar todas las veces que la había visto jugar con mis sobrinas, supe que ella era la persona con quien quería construir nuestra propia familia.

El consejo de mi padre era a la vez sorprendente y revelador. Iba en contra de la actual "filosofía de Wal-Mart”, que es: “si no te hace feliz, puedes regresarlo y llevarte otro nuevo”. La realidad no es así, un matrimonio verdadero (y el amor verdadero) no se trata de ti. Se trata de la persona que amas: sus deseos, sus necesidades, sus esperanzas y sus sueños. El Egoísmo siempre exige: "¿Qué gano yo?" Mientras que el Amor dice: "¿Qué más puedo dar?"

Hace algún tiempo, mi esposa me mostró lo que significa amar desinteresadamente. Durante muchos meses, mi corazón se había endurecido con una mezcla de miedo y resentimiento. Cuando la presión había aumentado a un punto en donde ninguno de los dos podía soportarlo más, las emociones estallaron. Tristemente fui insensible y egoísta con ella.

Pero en lugar de responder con más egoísmo, Kim hizo algo más que maravilloso, ella demostró un acto humilde de amor puro. Dejando de lado todo el dolor y sufrimiento que yo le había causado, amorosamente me tomó entre sus brazos y reconfortó mi alma.

Me di cuenta de que me había olvidado del consejo de mi padre. Mientras que el objetivo de Kim en el matrimonio había sido darme amor, mi contribución había sido solo pensar en mí. El darme cuenta de lo terrible que fui, me hizo llorar, y en ese momento le prometí a mi esposa que iba a tratar de ser mejor.

Para todos los que están leyendo este artículo ya seas —casado, comprometido, soltero, o incluso si has jurado nunca casarte— Quiero que sepas que el matrimonio no es para ti. Ninguna relación verdadera basada en amor se trata ti. El amor siempre se trata de la persona que amas.

Y, paradójicamente, entre más amas a esa persona, más es el amor que recibes. Y no solo de tu pareja, sino también de sus amigos, su familia y las miles de personas que nunca hubieras conocido si el amor que puedes brindar hubiera permanecido centrado solo en ti mismo.

En verdad, el amor en el matrimonio no es para ti. Es para otros.

Nota del editor: Este escrito de Seth Adam Smith fue publicado originalmente en su blog SethAdamSmith.com. Traducido y adaptado al español por Miriam Aguirre. 
¿Quieres poner en práctica estos consejos y darle prioridad a la felicidad de tu pareja? Lee estos artículos sobre cómo aprender a perdonarcómo ser más amable con tu pareja y cómo lograr un matrimonio duradero.

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 30 EL AMOR TRAE UNIDAD

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 30 EL AMOR TRAE UNIDAD


Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. (Juan 17:11)

Algo asombroso de la Biblia es la manera en la que está unida, con temas coherentes en todo su contenido, desde principio a fin. Aunque se escribió en un período de 1600 años y fue compuesta por más de 40 escritores de distintos trasfondos y con distintos niveles de habilidad, Dios la inspiró en forma soberana con una voz unida y hoy sigue hablando a través de ella sin salirse del mensaje. Unidad. Unión. Homogeneidad. Son los distintivos inquebrantables de nuestro Dios. Desde el principio de los tiempos, vemos su unidad a través de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios el Padre estaba allí, creando los cielos y la tierra. El Espíritu "se movía sobre la superficie de las aguas" (Génesis 1:2). Y el Hijo, que es "el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza" (Hebreos 1:3), se une a la creación del mundo por la palabra. "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis 1:26). Hagamos. Nuestra. Los tres están en perfecta unidad de visión y propósito. Más adelante, vemos a Jesús que se levanta de las aguas del Bautismo, mientras el Espíritu desciende como una paloma y el Padre anuncia en esta escena majestuosa: "Este es mi Hijo amado en quien me he complacido" (Mateo 3:17).
En otro momento, Jesús dice: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (Juan 6:38). Su deseo de responder las oraciones de sus seguidores es "para el Padre sea glorificado en el Hijo" (Juan 14:13). Le pide al Padre que envíe al Espíritu Santo, sabiendo que el Espíritu testificará fielmente sobre el Hijo que ama, ya que "nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios" (1 Corintios 2:11 NVI). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen una unión impecable. Se sirven, se aman y se honran. Aunque son iguales, se gozan cuando uno recibe alabanza. Aunque son distintos, son uno, indivisible. Y como esta relación es tan especial (representativa de la inmensidad y el esplendor de Dios), Él ha elegido dejarnos experimentar uno de sus aspectos. En la relación única entre esposo y esposa, dos personas distintas se unen espiritualmente en "una sola carne" (Génesis 2:24). Y "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" (Marcos 10:9 NVI). De hecho, este misterio es tan imperioso (y el amor entre los esposos está tan ligado y completo) que Dios usa la imagen del matrimonio para explicar su amor por la iglesia. La iglesia (la novia) se siente sumamente honrada cuando se alaba y se celebra a su Salvador. Cristo (el novio), quien se ha entregado por ella, se siente realmente honrado cuando la ve "como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable" (Efesios 5:27 NVI). Tanto Cristo como la iglesia se aman y se honran mutuamente. Es lo hermoso de la unidad.

Esposo: ¿Qué sucedería en tu matrimonio si te dedicaras a amar, honrar y servir a tu esposa en todas las cosas? ¿Qué pasaría si decidieras que vale la pena cada sacrificio y expresión de amor que puedas hacer para conservar tu unidad con esta mujer? ¿Qué cambiaría en tu hogar si adoptaras este enfoque en la relación cada día?
Esposa: ¿Qué sucedería si te propusieras como misión hacer todo lo posible para fomentar la unidad de corazón con tu esposo? ¿Qué pasaría si trataras cada amenaza a la unidad como veneno, como un cáncer, como un enemigo que el amor la humildad y el desinterés tienen que eliminar? ¿En qué se transformaría tu matrimonio si nunca más estuvieras dispuesta a que se destruyera la unidad entre ustedes? La unidad de la Trinidad, desde antes del inicio de la historia y proyectándose hacía el futuro, es la evidencia del poder de la unidad. Es irrompible. No tiene fin. Y es la misma realidad espiritual que se mimetiza en la forma de tu hogar y tu dirección postal. Aunque aparezca pintada con los colores de los horarios del trabajo, las visitas al doctor y las idas a la tienda de comestibles, la unidad es el hilo eterno que atraviesa la experiencia diaria de lo que llamas "tu matrimonio", dándole un propósito para defender de por vida. Por lo tanto, ama a esta persona que forma parte de tu cuerpo tanto como tú. Sirve a esta persona cuyas necesidades no pueden separarse de las tuyas. Hónrala porque cuando la elevas al pedestal de tu amor, también te eleva a los ojos de Dios, todo al mismo tiempo.

El desafío de hoy
Observa una causa de división en tu matrimonio y considera el día de hoy como una nueva oportunidad para orar al respecto. Pídele al Señor que te revele cualquier actitud de tu corazón que esté amenazando la unidad con tu cónyuge. Ora para que haga lo mismo con él. Y si corresponde, habla con franqueza sobre esta cuestión, buscando a Dios para hallar la unidad.

__Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy.
¿El Señor te abrió los ojos a algo nuevo que pueda estar alimentando esta área de desacuerdo? ¿Cómo piensas responder? ¿Qué esperas que Dios haga en tu cónyuge también?

El Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. (Deuteronomio 64)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 29: LA MOTIVACIÓN DEL AMOR

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 29: LA MOTIVACIÓN DEL AMOR


Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres. (Efesios 6:7)

No hace falta demasiada experiencia para descubrir que tu cónyuge no siempre motivará tu amor. Es más, muchas veces lo desmotivará. Más veces de las que quisieras, parecerá difícil encontrar la inspiración para demostrar tu amor. Quizá ni siquiera lo reciba cuando intentes expresarlo. Así es la naturaleza de la vida, incluso en matrimonios bastante saludables. Sin embargo, aunque los cambios de humor y los sentimientos pueden crear toda clase de objetivos para la motivación, podemos estar seguros de que uno permanecerá siempre en el mismo lugar.
Haciendo las cosas como para Dios
Cuando Dios es tu razón para amar, tu capacidad de amar está garantizada. Esto se debe a que el amor viene de su parte. Piénsalo de la siguiente manera. Cuando eras un niño, tus padres establecían reglas a seguir. Te ibas a dormir a cierta hora, tu habitación debía estar bastante limpia. Debías terminar la tarea escolar antes de poder jugar... Si eres como la mayoría de las personas, te apartabas de las reglas tanto como las obedecías. Y de no ser por el incentivo de la fuerza y las penitencias, quizá no las hubieras obedecido nunca; pero si en el camino conociste a Cristo o recibiste alguna enseñanza bíblica, es probable que hayas escuchado esta idea: "Hijos, sed obedientes a vuestros padres en todo, porque esto es agradable al Señor" (Colosenses 3:20). Si lo tomaste en serio, sabías que ya no solo debías responder a tus padres. Dejó de ser una batalla de voluntades entre ti y una figura de autoridad de carne y hueso.
Ahora, debías responderle a Dios. Tu mamá y tu papá eran simplemente los intermediarios. Sin embargo, resulta que la relación entre padres e hijos no es lo único que mejora cuando dejas que Dios sea tu motivación. Considera las siguientes áreas en las que agradarle debería transformarse en tu objetivo:

El trabajo. "Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres" (Colosenses 3:23). El servicio. "Obedeced en todo a vuestros amos en la tierra, no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor" (Colosenses 3:22). Todo. Es necesario esforzarse en "todo lo que hagáis [...] sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien servís" (Colosenses 3:23-24). Aún el matrimonio. "Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor" (Colosenses 3:18). "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella" (Efesios 5:25). El amor que se exige de tu parte en el matrimonio no depende de la dulzura ni de lo adecuado de tu cónyuge. El amor entre esposo y esposa debería tener un objetivo principal: honrar al Señor con devoción y sinceridad. La bendición que recibe nuestro amado en el proceso es simplemente un maravilloso beneficio adicional. Este cambio de visión y perspectiva es crucial para un cristiano, poder despertarte sabiendo que Dios es tu fuente y tu provisión (no solo para tus propias necesidades sino también para las de tu cónyuge) cambia por completo el fundamento para interactuar con tu pareja, esta persona imperfecta ya no decide cuánto amor mostrarás sino que tu Dios perfecto en todo es el que puede usar aún a una persona con fallas como tú para otorgar favor amoroso a otra.
¿Se ha vuelto difícil convivir con tu esposa últimamente? ¿Su lentitud para superar un desacuerdo te está agotando la paciencia? ¿No puede parar un poco? No le niegues tu amor sólo porque no piensa como tú. Ámala "como al Señor". ¿Tu esposo te deja de lado, no dice demasiado y parece estar meditando en algo de lo que no quiere hablar? ¿Te sientes herida por su falta de disposición a abrirse? ¿Estás cansada de que sea tan brusco contigo y que ni siquiera les responda bien a los niños? No reacciones con una doble dosis de silencio y desinterés. Ámalo de todas formas "como al Señor". El amor al cual sólo lo motiva el deber no puede resistir demasiado. Y el amor al cual sólo lo motivan las condiciones favorables nunca puede estar seguro de recibir suficiente oxígeno como para seguir respirando. Sólo el amor que se eleva como ofrenda a Dios (que se le devuelve en gratitud por todo lo que ha hecho) puede sostenerse cuando todas las demás razones han perdido la capacidad de vigorizarnos. A las personas que no les importa tener un matrimonio mediocre pueden dejar el amor librado al azar y esperar lo mejor, en cambio, si estás comprometido a darle a tu cónyuge el mejor amor que puedas, es necesario aspirar a la motivación suprema del amor. El amor que tiene a Dios como su objetivo principal puede alcanzar alturas inimaginables.

El desafío de hoy
Antes de volver a ver a tu cónyuge hoy, ora por él mencionando su nombre y sus necesidades. Sin importar si te resulta fácil o no, di "te amo" y luego expresa tu amor por tu pareja de alguna manera tangible. Vuelve a orar y agradécele a Dios por darte el privilegio de amar a esta persona especial... en forma incondicional, como Él los ama a los dos.

__Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy. ¿Cómo afectará este cambio de motivación la relación y tus reacciones? ¿Qué te inspira a hacer? ¿Qué te inspira a dejar de hacer?
Pero yo y mi casa, serviremos al Señor. (Josué 24:15)


DESAFÍO DEL AMOR DÍA 19: EL AMOR ES IMPOSIBLE

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 19: EL AMOR ES IMPOSIBLE
Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios (1 Juan 4:7)


El desafío del amor comienza con un secreto. Y aunque ha sido un elemento tácito cada día, es probable que hayas ido acumulando más y más sospechas.
Ahora que llegaste hasta aquí, se trata de un secreto que estás descubriendo solo, aunque no sepas cómo expresarlo exactamente. El secreto es el siguiente: Tu corazón no puede fabricar el amor incondicional (o amor ágape). Es imposible. Excede tus capacidades. Excede todas nuestras capacidades. Quizá hayas demostrado ternura y generosidad de alguna manera, y tal vez hayas aprendido a ser más considerado. Sin embargo, amar a alguien en forma desinteresada e incondicional es otra cosa. Entonces, ¿cómo puedes hacerlo? Te guste o no, el amor ágape no es algo que puedes hacer.
Es algo que solo Dios puede nacer. Y es gracias a su gran amor por ti (y a su amor por tu cónyuge), que El elige expresar ese amor a través de ti. Aun así, quizá no lo creas. Tal vez estés convencido de que si te esfuerzas y te comprometes lo suficiente, puedes obtener de tu corazón el amor incondicional, perdurable y sacrificial. Quieres creer que está en ti. ¿Pero cuántas veces tu amor no ha podido evitar que mientas, que codicies, que reacciones en forma exagerada, que pienses mal de la persona a la que prometiste delante de Dios que amarías durante el resto de tu vida? ¿Cuántas veces tu amor ha sido incapaz de controlar tu enojo? ¿Cuántas veces te ha motivado a perdonar o ha traído un final pacífico a una pelea?
Esta incapacidad es la que pone de manifiesto la condición pecaminosa de la humanidad. Ninguno de nosotros ha alcanzado los mandamientos de Dios (Romanos 3:23). Todos hemos demostrado egoísmo, odio y orgullo. Y a menos que haya algo que nos limpie de estos atributos impíos, seremos declarados culpables ante Dios (Romanos 6:23). Por eso, si no estás a cuentas con Dios, no puedes amar de verdad a tu cónyuge porque Él es la fuente de ese amor. No puedes dar lo que no tienes. No puedes invocar reservas ni recursos interiores que no existen. Así como no puedes regalar un millón de dólares si no los tienes, no puedes dar más amor del que posees. Puedes intentarlo, pero fracasarás. Así que, en concreto: el amor que puede soportar todas las presiones está fuera de tu alcance, mientras busques encontrarlo dentro de ti mismo. Necesitas que alguien te dé esa clase de amor. "El amor es de Dios" (1 Juan 4:7). Y solo los que le han permitido a Dios que entre a su corazón por medio de la fe en su hijo, Jesús (solo los que han recibido el Espíritu de Cristo al creer en su muerte y su resurrección) pueden aprovechar el verdadero poder del amor. Jesús dijo: "Separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5). Y también dijo: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho" (Juan 15:7)- Por medio de Cristo, Dios ha prometido habitar en tu corazón a través de la fe para que conozcas "ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que de la plenitud de Dios" (Efesios 3:19, RVR1995).
Cuando te rindes a Cristo, su poder puede obrar a través de ti. aún en tu mejor momento, no estás a la altura de los principios de Dios. Sin embargo, Él "es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros" (Efesios 3:20). De esa manera puedes amar a tu cónyuge. Así que este secreto inquietante (por más frustrante que parezca) tiene un final feliz para los que dejen de resistir y reciban el amor que Dios tiene para ellos. Esto significa que el amor que ha "derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado" (Romanos 5:5) está siempre a nuestro alcance, cada vez que elegimos someternos a él. Sencillamente, no podrás hacerlo sin Dios. Quizá nunca le entregaste tu corazón a Cristo, pero hoy sientes que te atrae hacia Él. Tal vez, por primera vez te des cuenta de que tú también has quebrantado los mandamientos de Dios, y que tú culpa impedirá que lo conozcas. Sin embargo, las Escrituras dicen que si te arrepientes y te alejas de tu pecado al volverte a Dios, Él está dispuesto a perdonarte gracias al sacrificio que hizo su Hijo en la cruz. Él te está buscando, no para esclavizarte sino para liberarte, para que puedas recibir su amor y su perdón. Luego, podrás comunicárselo a la persona que fuiste llamado a amar. Quizá, ya seas creyente, pero admites que te has alejado de tu comunión con Dios. No lees la Palabra, no oras, quizá ya ni siquiera vayas a la iglesia. El amor que corría por tus venas se ha ido reduciendo hasta llegar a la apatía. Lo cierto es que no puedes vivir sin Él y no puedes amar sin El; pero Dios podría hacer cosas increíbles en tu matrimonio si depositas en Él tu confianza.

El desafío de hoy
Vuelve a mirar los desafíos de los días anteriores. ¿Hubo algunos que te parecieron imposibles? ¿Has tomado conciencia de la necesidad de que Dios cambie tu corazón y te dé la capacidad de amar? Pídele que te muestre cómo está tu relación con él, y reclama la fortaleza y la gracia para resolver tu destino eterno. __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy. ¿Qué crees que Dios te está diciendo? ¿Sientes que algo se agita en tu interior? ¿Qué decisión has tomado en respuesta a esto?

Eso es imposible, pero para Dios todo es posible. (Mateo 19:26)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 17: EL AMOR CULTIVA LA INTIMIDAD

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 17: EL AMOR CULTIVA LA INTIMIDAD


EI que perdona la ofensa cultiva el amor, el que insiste en la ofensa divide a los amigos. (Proverbios 17:9 NVI)
Puedes ser unido con un buen amigo que conoces desde la infancia o la universidad. Puedes ser unido con un hermano, con tus padres o con un primo que tenga más o menos tu edad. Sin embargo, nada se compara con la unidad que se experimenta entre un esposo y una esposa. El matrimonio es la relación humana más íntima. Por eso lo necesitamos tanto. Cada uno de nosotros llega a la vida con un hambre innato por ser conocido, amado y aceptado. Queremos que las personas sepan nuestro nombre, nos reconozcan cuando nos vean y nos valoren por lo que somos. La posibilidad de compartir nuestro hogar con alguien que nos conoce hasta el detalle más íntimo es parte del profundo placer del matrimonio. Sin embargo, en esta gran bendición también yace su mayor peligro. Alguien que nos conoce a fondo puede amarnos con una profundidad que jamás imaginamos o puede herirnos de manera tal que nunca nos recuperemos del todo. Es el fuego y el temor del matrimonio. ¿Cuál de ellos experimentas más en tu hogar hoy? ¿Los secretos que tu cónyuge conoce sobre ti son motivo de vergüenza o motivos para unirlos más? Si tu cónyuge fuera a responder esta misma pregunta, ¿diría que lo haces sentir seguro o asustado?
Si el hogar no es considerado como un lugar seguro, los dos se verán tentados a buscar esa seguridad en otra parte. Quizá, te vuelques a otra persona e inicies una relación que coquetee con el adulterio o en última instancia, lo cometa. Tal vez busques consuelo en el trabajo o en pasatiempos fuera de casa, en algo que te proteja, en parte, de la intimidad pero que también te mantenga rodeado de personas que te respeten y te acepten.

Tu pareja no debería sentirse presionada a ser perfecta para recibir tu aprobación. No tendría que andar con pie de plomo en donde debiera sentirse en libertad de caminar con soltura. La Biblia dice: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor" (i Juan 4:18). En tu matrimonio, debería de haber una atmósfera de libertad. Al igual que Adán y Eva en el jardín, la relación estrecha entre ustedes debiera intensificar su intimidad. Estar desnudos y no sentir vergüenza (Génesis 2:25) debería ser parte de la misma frase en tu matrimonio: en el ámbito físico y emocional. Hay que admitir que es un tema delicado. El matrimonio ha descargado el bagaje de otra persona sobre tu vida, y el tuyo sobre la vida de esa persona. Es natural sentirse avergonzado de que se le haya revelado tanto sobre ti a alguien más; pero es tu oportunidad para guardar toda esta información privada en el abrazo protector de tu amor, y prometer ser la persona que mejor pueda ayudar a tu cónyuge a manejarla. Algunos de estos secretos pueden necesitar corrección. Por lo tanto, puedes ser un agente de sanidad y restauración: no con sermones ni críticas, sino escuchando con amor y ofreciendo apoyo. Algunos de estos secretos solo necesitan ser aceptados. Son parte del carácter y la historia de esta persona. Y aunque quizá no sea agradable, siempre habrá que tratar estas cuestiones con tacto y dulzura.

En cualquiera de los dos casos, solo tú ejerces el poder de rechazar a tu cónyuge debido a estas cosas o de aceptarlo e invitarlo a pasar, con todos sus defectos. Sabrá que se encuentra en un lugar seguro donde tiene la libertad de cometer errores, o se encerrará en sí mismo y lo perderás, quizá para siempre. Amar bien a tu cónyuge debería ser la labor de tu vida. Piénsalo así: Nadie te conoce mejor que Dios, quien te hizo. El autor del Salmo 139 tenía razón cuando dijo: "Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. Aún antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh Señor, tú ya la sabes toda" (Salmo 139:2-4). Y sin embargo, Dios, quien conoce los secretos que escondemos incluso de nosotros mismos, nos ama con una profundidad que no podemos ni comenzar a comprender. ¿Cuánto más deberíamos (como personas imperfectas) extender la mano a nuestro cónyuge con gracia y comprensión, aceptándolo por quien es y asegurándole que sus secretos están seguros con nosotros? Quizá esta sea un área en la que has fracasado en el pasado. Si es así, no esperes que, de inmediato, tu pareja te deje entrar sin impedimentos a su corazón. Debes comenzar a reconstruir la confianza. A Jesús mismo se lo describe como el único que no se entromete en la vida de las personas, sino que permanece en la puerta y llama. "Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3:20). Siempre hace falta tiempo para que se desarrolle la realidad de la intimidad, en especial, luego de haber sido puesta en peligro. Hoy mismo puedes tomar el compromiso de restablecerla... esto es así para cualquiera que esté dispuesto a aceptar el desafío.

El desafío de hoy
Decide proteger los secretos de tu cónyuge (a menos que sean peligrosos para él o para ti) y ora por él. Habla con tu cónyuge y decide demostrar amor a pesar de estas cuestiones. Escúchalo de verdad cuando te cuente pensamientos y luchas personales. Haz que se sienta seguro. __Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy. ¿Cuánto te cuesta detenerte y no decir algo crítico o de otro tipo? ¿Qué aprendiste hoy sobre tu cónyuge al escucharlo?

Yo soy de mi amado y mi amado es mío. (Cantar de los Cantares 6:3)

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 10: EL AMOR ES INCONDICIONAL

DESAFÍO DEL AMOR DÍA 10: EL AMOR ES INCONDICIONAL

Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)

Si alguien te preguntara: “¿Por qué amas a tu esposa?” o “¿Por qué amas a tu esposo?”, ¿qué dirías? La mayoría de los hombres mencionarían la belleza de su esposa, su sentido del humor, su bondad, su fortaleza interna. Quizá, hablarían de su capacidad para cocinar, su don para decorar o de lo buena madre que es. Probablemente, las mujeres dirían algo sobre lo atractivo que es su esposo o sobre su personalidad. Lo elogiarían por su firmeza y por su carácter estable. Dirían que lo aman porque siempre está allí cuando lo necesitan, Es generoso. Es servicial. ¿Pero qué sucedería si con el correr de los años, tu cónyuge dejara de ser todas estas cosas? ¿Seguirías amándolo? En función de lo que contestaste antes, la única respuesta lógica sería “no”. Si todas las razones por las que amas a tu cónyuge tienen que ver con sus cualidades (y luego esas mismas cualidades desaparecen de repente o con el tiempo) el fundamento de tu amor se esfuma. El amor sólo puede durar toda la vida si es incondicional. La verdad es la siguiente: al amor no lo define la persona amada sino la que decide amar. La Biblia se refiere a esta clase de amor con el uso de la palabra griega ágape.

Es distinto de las otras clases de amor: fileos (la amistad) y eros (el amor sexual). Por supuesto, tanto la amistad como el sexo ocupan un lugar importante en el matrimonio y forman una parte esencial del hogar e construyen juntos como esposo y esposa. No obstante, si tu matrimonio depende por completo de tener intereses en común o de disfrutar de una vida sexual saludable, los cimientos de tu relación son inestables. El fileos y el eros son más receptivos por naturaleza y pueden fluctuar según los sentimientos. Por otro lado, el amor ágape es desinteresado e incondicional. Así que a menos que esta clase de amor constituya el cimiento de tu matrimonio, el desgaste del tiempo lo destruirá. El amor ágape es un amor que se manifiesta “en la salud y la enfermedad”, “en la prosperidad y en la adversidad”, en buenos y malos momentos. Es la única clase de amor verdadero. Esto se debe a que es la clase de amor que Dios tiene. No nos ama porque lo merezcamos sino porque El es amoroso. La Biblia dice: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Si Él quisiera que probáramos ser dignos de su amor, fracasaríamos de manera lamentable. Sin embargo, el amor de Dios es una elección que toma por su cuenta. Es algo que recibimos de su parte y que luego transmitimos a los demás. “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).
Si un hombre le dice a su esposa: “Ya no estoy enamorado de ti”, lo que en realidad está diciendo es: “Para empezar, nunca te amé en forma incondicional”. Su amor se apoyaba en sentimientos o circunstancias en lugar del compromiso. Es el resultado de edificar un matrimonio sobre el amor/íleos o eros. Los cimientos deben ser más profundos que una simple amistad o la atracción sexual. El amor incondicional, el amor ágape, no oscilará con el tiempo ni las circunstancias.
Sin embargo, no quiere decir que el amor que haya comenzado por razones erróneas no pueda ser restaurado y redimido. Es más, cuando reconstruyes tu matrimonio con el ágape como fundamento, los aspectos de amistad y romance de tu amor se vuelven aún más atractivos que nunca. Cuando el disfrute mutuo como mejores amigos y amantes tiene su fundamento en un compromiso inquebrantable, experimentas una intimidad que no puede lograrse de ninguna otra manera. No obstante, a menos que le permitas a Dios que comience a cultivar este tipo de amor dentro de ti, lucharás y no lograrás alcanzar esta clase de matrimonio. El amor que “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (i Corintios 13:7) no surge en nuestro interior. Sólo puede venir de Dios. Las Escrituras dicen que “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39). Es la clase de amor que Dios tiene. Y por fortuna (si quieres) puede transformarse en tu clase de amor; pero primero, debes recibirlo y transmitirlo. Y cuando tu cónyuge comience a vivir cómodamente bajo su sombra, no debes sorprenderte si amarlo te resulta más fácil que antes, Ya no dirás: “Te amo porque...” Ahora, dirás: “Te amo y punto”.

El desafío de hoy
Haz algo fuera de lo común por tu cónyuge: algo que pruebe (tanto a ti como a él) que tu amor tiene su fundamento en tu decisión y en nada más. Lava su automóvil. Limpia la cocina. Compra su postre favorito. Dobla la ropa lavada. Demuéstrale amor por la pura satisfacción de ser su compañero en el matrimonio. 

__Haz una marca aquí cuando hayas completado el desafío de hoy.
En el pasado, ¿tu amor ha estado basado en los atributos y en la conducta de tu cónyuge o en tu compromiso? ¿Cómo puedes seguir demostrando amor cuando no es recíproco como esperabas?
Al que confía en el Señor, la misericordia lo rodeará. (Salmo 32:10)

DIEZ COSAS QUE ARRUINAN LA PATERNIDAD


DIEZ COSAS QUE ARRUINAN LA PATERNIDAD

1. Los nacimientos ilegítimosEsta es la primera y princi­pal causa de la falta de padres. El matrimonio es un adhesi­vo que mantiene a los papás conectados con sus hijos. Hoy en día, millones de niños jamás han vivido con su padre biológico debido a embarazos extramatrimoniales.
2. El divorcio. Antes, las parejas permanecían juntas por el bien de los hijos. Pero la generación actual está convencida de que los hijos estarán mejor si sus infelices padres se divorcian. Las estadísticas revelan lo contrario. Sin lugar a duda, lo mejor para los hijos es ver a sus padres arrepentirse de su egoísmo, perdonarse y volver a comprometerse con su matrimonio. La conveniencia del divorcio de común acuerdo se ha hecho pre­sente a un altísimo costo. Y millones de niños inocentes son forzados a pagar ese precio cada día.
3. El trabajo. Antes de la revolución industrial, los padres mayormente trabajaban en su casa o cerca. Durante cientos de años, la fe y los valores pasaban a la generación siguiente mientras los hijos trabajaban junto a sus padres. Cuando la revolución industrial irrumpió con fuerza en el 1800, las fábri­cas obligaron al hombre a salir de su casa y los hijos quedaron con la madre. Este cambio cultural impactó de manera nega­tiva en la influencia de los padres. Cuando el papá llegaba a su casa, estaba demasiado cansado como para participar de la vida de hogar, y la familia obtenía las sobras de su atención y energía. Incluso hoy, si un hombre no aprende a decir «no» cuando conviene, sus prioridades laborales lo apartarán siste­máticamente de sus hijos.
4. El esparcimiento. El hombre de hoy pasa más tiempo viendo televisión o navegando por Internet que manteniendo una conversación significativa con sus hijos. Cada hora que un hombre le dedica a la pantalla de su televisor o al monitor de la computadora, se la resta al tiempo de calidad con sus hijos. Si están con su padre mientras él está entretenido, entonces la televisión se convierte en el elemento que influirá sobre ellos, y no es un padre recomendable.
5. El movimiento feminista. Este movimiento ha declara­do abiertamente que uno de sus principales objetivos es des­mantelar toda forma de patriarcado o liderazgo masculino en la familia o el hogar. Bajo el disfraz de derechos igualitarios para la mujer, las feministas han movido el péndulo hacia el extremo opuesto, hasta trivializar la importancia del padre. Exaltan a la mujer por encima del hombre y hacen campa­ña por leyes que subvaloran la influencia masculina. Cuanto más fracasan los padres, más proclaman las feministas que son innecesarios.
6. El aborto. La decisión de 1973 de Roe contra Wade no solo legalizó el aborto en EE.UU., sino que indirectamente cortó con la responsabilidad del hombre sobre sus hijos en la mente de las personas. Cuando el gobierno estableció que una mujer podía elegir practicarse un aborto sin autorización del padre, legal y engañosamente esto identificó a las madres como principales responsables de la potestad, la vida y el cui­dado de los hijos.
7. La asistencia socialDebido al sistema gubernamental de asistencia social que les da dinero por mes a las madres solteras si no está el padre en la casa, cada vez más hombres permane­cen apartados de sus hijos por cuestiones de dinero. Sin embar­go, cuando los hombres no asumen su responsabilidad por sus hijos, nuestro dinero de impuestos está siendo mal usado para abortar a los nonatos, medicar a los hijos inquietos en la escue­la, enviar a la cárcel a la banda de adolescentes sin padre que delinquen y mantener a las madres solas y abandonadas a través de la asistencia social.
8. Los medios de comunicación anti-padres. Cuando la ética judeocristiana predominaba en los EE.UU., los padres en los programas de televisión y en las películas eran frecuentemente honorables y heroicos. En los años cincuenta y sesenta, las comedias Fathers Knows Best [El padre no se equivoca], The Andy Griffith Show [El programa de Andy Griffith], My Three Sons [Mis tres hijos] y Leave it to Beaver[Las travesuras de Beaver], personificaban a padres fuertes, inteligentes y res­ponsables. Hoy, los padres de la TV son continuo objeto de burla por parte de esposas más inteligentes e hijos irrespetuo­sos. Suelen ser graciosos, pero a la vez pervertidos, egoístas y pasivos. Un análisis de la National Fatherhood Initiative[Iniciativa nacional sobre la paternidad] detectó que un míni­mo porcentaje de los programas de televisión de los EE.UU. mostraban a un padre como personaje principal. Y aquellos que contaban con padres, los exhibían como desapegados e incompetentes.3
9. Nuestros padres imperfectos. El factor que más influye en nuestra comprensión y apreciación de la paternidad está liga­do al desempeño de nuestros propios padres. Los hombres tienden a emular a su padre. De ahí que sea frecuente que los errores del padre se repitan y pasen potenciados a la vida de sus hijos.

10. La iglesia. La iglesia actual hace tiempo que dejó de enseñarles a los hombres lo que la Palabra de Dios dice sobre el rol y la responsabilidad que tienen como líderes espirituales. Suele decirse que un estornudo en el púlpito produce un res­friado en toda la congregación. Los pastores han permaneci­do silenciosos en muchos sentidos en cuanto a transmitir con audacia el llamado que todo hombre tiene. Al mismo tiempo, muchas actividades de la iglesia separan a las familias al punto de que los niños nunca ven a sus padres dirigiendo, leyendo la Biblia, adorando ni orando porque no están con ellos cuando lo hacen.


Tomado del libro RETO DE VALIENTES HOMBRES.

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